Del cómo las expectativas pueden acabar con la calidad

Cuando tenemos que establecer si un producto es de calidad debemos ser conscientes de que esa “calidad” es completamente subjetiva. Pensemos por ejemplo en un restaurante: ¿es de calidad porque la comida procede de mejores proveedores? ¿porque el camarero tiene formación en hostelería? ¿porque los cubiertos están limpios? ¿porque la decoración es actual?

Todos esos elementos son subjetivos para cada persona. Puede que lo que yo opine sobre qué es de calidad para un restaurante no tenga nada que ver con lo que otra persona opine. Yo a lo mejor me baso en el sabor de los alimentos y en el trato del personal, mientras que otro se puede centrar en la decoración y en la variedad de platos.

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Tangibilízame esos hotelillos (y de paso ponlos bonitos)

Hace unas cuantas entradas expliqué la gran experiencia que viví viendo la eliminatoria de Copa Federación entre España y la República Checa (modo irónico ON). En ella hablaba de las características que tiene todo servicio por el simple hecho de serlo: intangibilidad, caducidad, heterogeneidad e inseparabilidad.

Esta entrada va dedicada a la primera de las características, ya que he de reconocer que me hizo mucha gracia una noticia que apareció en “El País Viajero” (aquí la tenéis) y me he animado a escribir sobre ello. En ella se ve cómo muchos hoteles nos engañan un poquitín en lo que vamos a encontrar en ellos.

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Imagen Vía El País Viajero

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¡Te he dicho que no te comas a tu hermano! (canibalizando marcas)

Las empresas están sujetas constantemente a realizar modificaciones en su cartera de productos: que si elimino una línea, que si saco una nueva referencia, que si sustituyo este producto que no vende mucho por este otro nuevo que me permite llegar a un nuevo target…

Esto es normal ya que las empresas deben adaptarse a lo que el mercado demanda, lo cual puede suponer cambios drásticos en los productos comercializados. De esta forma, surge la opción de sacar una nueva línea de productos o introducir una nueva referencia dentro de la línea, pero…. ¿será siempre positivo?

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Cliente, dime por qué me quieres

Uno de los errores más graves que puede cometer una empresa se basa en no comprender qué busca un cliente cuando acude a ella. Alguno pensará que se me está yendo la cabeza: “si la empresa vende televisiones, lo que le ofrece la empresa al cliente son televisiones”. ¿Seguro?

A lo largo de anteriores entradas he tratado de hacer ver que las empresas ofrecen soluciones a problemas y situaciones que experimentan sus clientes. Por ejemplo, ¿qué lleva a comprar una tele? Básicamente ocio y entretenimiento, ofrecer una imagen de sí mismo, e incluso evitar la soledad (a algunos nos sienta bien tener algo de fondo que nos haga compañía). La gente no compra una tele porque quiere una tele, sino por lo que le aporta la tele.

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Cuando una marca se convierte en tu archienemigo

¿Cuántas veces os ha pasado que le habéis cogido una manía tremenda a una empresa o marca por una mala experiencia con ella? ¿y cuántas veces la manía viene provocada simplemente por el carácter que tiene esa marca? No os sintáis extraños, lo que sentís tiene hasta nombre: anti branding.

Todos tenemos a ciertas marcas en un pedestal: pueden hacer lo que quieran pero siempre le seremos fieles. ¿Por qué? Pues porque hemos conectado con ellas a un nivel más profundo, sintiéndolas como parte de nosotros, ayudándonos a expresar a otros cómo somos. Esto es muy visible con productos de la marca Apple, o con marcas de ropa, o con marcas de coches.

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¿Qué hago yo aquí?

Las vueltas que da la vida…. Quién me diría a mí que acabaría creando un blog, ¡y con fines académicos!

Tras varios años de profesor universitario, enseñando (o al menos intentándolo) asignaturas de marketing tales como Fundamentos de Marketing, Dirección Comercial, Distribución Comercial, Investigación de Mercados, Comunicación Comercial, etc. en la Universidad de Málaga ha llegado el momento de adaptarme a los tiempos. ¿A qué tiempos “maestro”? Pues a los tiempos en los que el alumno pasa el 50% de su tiempo libre enganchado a Internet y el 95%, por no decir el 100%, pegado al móvil y a las redes sociales virtuales (incluyendo un 25% de su tiempo en clase o más).

Así que aquí estaré, mostrando con ejemplos sencillos qué es el marketing, cómo se aplica y para qué sirve, tratando además de cambiar esa imagen que tenemos de tergiversadores de la realidad que solo queremos sacar dinero al cliente aprovechándonos de su inocencia (ni que todavía quedase algún inocente en este país en los tiempos que nos ha tocado vivir).

¡Bienvenidos a mi blog!

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